domingo, 17 de noviembre de 2019

Diccionario de vidas. Con la A.


Alicia en el pais de las pesadillas

Hace mucho tiempo nació Alicia. 29 años para ser exactos.
No fue una niña buscada, pero su llegada fue abrazada en el seno de aquella familia humilde y trabajadora. Nació en una Cataluña moderna y creció en la periferia de la capital condal.

Empujada por la velocidad que conlleva criarse en una gran ciudad, recuerdo los primeros años de mi vida a cámara rápida. Entre sonidos de acelerones de coches, pitidos de claxon , mujeres corriendo arrastrando de la mano a sus cachorros por los laberintos de aquella ciudad, gente cruzando, retenciones de tràfico, humo, cigarros consumiéndose uno tras otro....y asi, entre toda esa jungla de imágenes y sonidos que captaba mi mente, quedaron atrás los momentos sencillos y felices de mi infancia.

Cómo si de un frenazo se tratara, todo paró en seco.

Y veo mi vida pasar a cámara lenta, con la impaciencia de una niña que sólo quiere estar en casa con sus padres y con su hermana, como siempre había sido  y cómo las películas disney nos habísn dicho que tenía que ser.

No entendíamos nada.

El padre de Alicia y Cristina había tenido que acceptar un trabajo fuera de casa, durante mucho tiempo su llegada los fines de semana y vacaciones fueron los momentos más bonitos que vivimos en aquel entonces.
El reencuentro era una escena de puro amor, lo adorábamos. Esos días que teníamos la suerte de estar juntos eran nuestro tesoro más preciado.
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Pero poco a poco, esos momentos fueron menguando.
Cada vez pasaban más días, más meses, más tiempo... y no venía.
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Durante sus ausencias, la madre de Alicia y Cristina se encargaba de todo.
 Sin darse cuenta se estaba convirtiendo en una heroina , la heroina de nuestro cuento.
Por suerte nuestra madre tenía un buen circulo de apoyo y no lo hizo todo sola;  nuestros tíos, los amigos de mis padres, y sobretodo nuestras abuelas pusieron todo y más de su parte para que nunca nos faltase de nada.
Y así era como sobrevivíamos; de unos brazos a otros, y de una mesa a otra mesa.
 Se puede decir que hasta lo pasábamos bien viviendo así, pero los viernes siempre amaneciamos con la misma pregunta ; ¿vendrá esta vez?
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Si podíamos, nos pasábamos las tardes de los viernes jugando en el balcón de aquel quinto piso en la calle Roure.
 Cada coche que subía por el principio de la calle, podía ser él. Los observávamos venir con pena, uno tras otro. Ninguno sonaba como el motor de su coche. Nos lo sabíamos de memoria. y sabíamos que otro viernes había oscurecido sin oírlo llegar.
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Pasó mucho tiempo.
Llegaron Navidades.
Ningún coche hizo su ruido.
No vino.
Era navidad y no teníamos padre ni regalo.
 ¿Qué habíamos hecho tan mal ?
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Recuerdo aquellas navidades de una forma tan triste....que diría que así fue cómo empezó a no gustarme celebrar la navidad.
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La vida de Alicia  transcurria , día a día, de la mano de su hermana Cristina.
Lo más bonito de todo aquello; era saber que no estaba sola.
Su hermana siempre iba a estar ahí.
Éramos un equipo.
 Éramos una piña.
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 y tenemos la suerte de seguir siéndolo.





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Eba y su boli.

EsteladeLunares

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