martes, 17 de diciembre de 2019

Diccionario de vidas. con la D;



Damiana y sus diamantes.

Damiana estudió de los 3 años hasta los 16 en el mismo colegio.
Un colegio muy chiquitito, arriba de todo,  al final de aquella larga calle en rampa.

Durante 13 años de su vida el mismo recorrido.
 La misma puerta.
 El mismo timbre.
 Las mismas voces.

 El colegio era su refugio.

Aunque la hubieran fallado aquel día, Damiana sabía que no era culpa de nadie lo que le pasaba, y se aferró muchísimo a sus compañeros de clase.

Sus amigos.
Su familia en aquel entonces.

 Mientras aún era una niña, el colegio le brindaba una sensación de seguridad que no encontraba en ningún otro sitio.

 Realmente se sentía en casa estando en el colegio.

 Quizás no fue nunca la mejor estudiante. Pero si fue una niña feliz en aquellas aulas, persiguiéndose con sus compañeros por los pasillos, riéndose muchísimo siempre que surgía la ocasión.
Damiana durante mucho tiempo tuvo un deseo imposible guardado en secreto.
 Muchas veces cuando se iba a dormir le pedía al mundo que por favor al día siguiente todo fuera distinto.
 que ya está,
 que ya no quería seguir este juego,
le rogaba a quién sabe quién, que por favor, me despertara ya del sueño.

 Me iba a dormir feliz, soñando en esa esperanza, de que al día siguiente realmente fuera así de bonito todo…
 o al menos, también solía pedir, que si todo seguía igual, al menos, le pedía que me despertara teniendo un hermano.
Si, Damiana quería tener un hermano hombre.
 Porque creía que así él la protegería.
 Así que siempre se iba a dormir así;  pidiendo eso.
 O que todo acabara ya , o que almenos el mundo le diera un gemelo héroe de su vida.
Damiana, obviamente se despertaba y sabía que todo seguía igual. Pero bueno. Intentaba apartar todo eso malo de su vida , lo guardaba todo en el último cajón de su mente, bien cerradito con llave, y seguía la vida. No quedaba otra.
Y sin darse cuenta, con el paso del tiempo, el colegio le ofreció eso que siempre había querido; sus héroes.

Si, no sólo uno, sino dos.

Damiana fue realmente recompensada en aquellos años. Tenía dos amigos en clase que ya desde muy pequeños ocuparon casi todo el espacio que había en su corazón.

Ellos, se convirtieron en mis muletas, en mis amuletos, con ellos lo era todo. Sin ellos no me sentía nada. Me daban la vida. Me reía con ellos cómo nunca. Me sentía protegida de todo. Poderosa con ellos a mi lado . Capaz. Los miraba y me embelesaba con ellos. Los quería. Realmente los sentía míos, y yo me sentía de ellos.
 Pero aún así, nunca pude ser sincera con ellos en aquellos tiempos.
 Hasta años más tarde. Muchos más tarde. No supieron nada de todo lo que yo callaba por dentro.

En cierta manera Damiana se convirtió en una mentirosa por necesidad.
 Nunca iba a poder ser sincera con nadie, o al menos eso es lo que sentía por aquel entonces. Obviamente le daba miedo que alguien se enterara.

Sentía vergüenza.

 Miedo a que la repudiaran por ello. Igual que ella se repudiaba a si misma.
Damiana a solas, no se gustaba. Sentía la necesidad de formar parte de algo para ser alguien . Por si misma. Damiana no se soportaba. Por que no era capaz de estar sola y gestionar todo lo que sentía por dentro. Tenía mucha ira en su interior. Y solía manifestarse cuando estaba a solas, que era cuando nadie la podía descubrir.


Le pegaba a la cama. Me estiraba boca abajo y conteniendo las ganas de gritar, pataleaba y daba puñetazos como una loca al colchón hasta quedar exhausta.
A veces se me escapaba algún puño, y me daba a mi misma. Me había hecho sangre yo misma en la nariz muchísimas veces.
Otras veces, me pellizcaba muy fuerte, para que ese dolor eclipsara cualquier otro. Funcionaba durante un rato.

Por suerte la mayor parte del tiempo no estaba sola,

Ella seguía creciendo,
avanzando por la vida pasito a pasito.
 Acompañada de sus dos amigos Héctor y Sandro.
 Que eran más que eso.
 Eran sus hermanos.
 Su tesoro más grande .

 Sus diamantes en bruto.




_____________________________________________________________Estela de Lunares.


lunes, 2 de diciembre de 2019

Diccionario de vidas. Con la C


Conchita lo intentó


Conchita seguía avanzando por la vida empeñada en ser feliz.
A pesar del enfado y tristeza que solía sentir, escondía dentro suyo, detrás del miedo, un corazoncito enorme. 
La pequeña Conchita tenía una capacidad enorme para amar y disfrutar del amor cuando la vida se lo permitía.

Cómo había tenido que asumir la incertidumbre de mis días, al mínimo atisbo de luz, me aferraba igual que tarzan se agarraba a las lianas con las que avanzaba por la jungla de aquella selva, y yo hacía lo mismo. 
Trampeando por la vida e intentando aprovechar todo lo bueno que si me estaba dando la vida, que no era poco.

Conchita y su hermana María ya iban juntas caminando al colegio. Aquellos trayectos se convirtieron en uno de esos momentos que Conchita aprovechaba para disfrutar de su querida hermana mayor. Conchita sentía verdadera deboción por su hermanita. Admiraba su carácter; responsable, cariñosa, creativa, soñadora...

Recuerdo que la miraba y la idea que tenia yo de la perfección se encarnaba en ella. Mi hermana era mi gran ídolo, y lo sigue siendo. Aún me sigue cautivando con su maravillosa personalidad y presencia.


La pequeña niña aprovechaba esos instantes, por que sabía que durarían poco. 
Se acabarían en el momento justo en que nuestro abuelo apareciera de nuevo en nuestras vidas. Y obviamente, lo hacía bastante a menudo.

  El abuelo de Conchita sabía muy bien lo que se hacía, sabía perfectamente cómo manipularla, cómo silenciarla, y lo hacia... y tanto que lo hacía!! 

Si Conchita se portaba bien con sus demandas, la colmaba de Halagos todo el resto de la tarde, y no sólo eso! la colmaba de dulces y atenciones, que hacían que esas meriendas tan deliciosas y soñadas, más o menos, empañaran el recuerdo de todo lo que me había estado haciendo... ¿cuánto? ¿quince minutos? 

Él sabía hacerlo muy bien.
Requetebien.

Por que si en cambio, alguna tarde la pequeña Conchita se rebelaba y no quería jugar al juego que le pedía...
por qué no lo encontraba divertido y no le apetecía nada.. su abuelo también sabía lo que tenía que hacer.

Él lo sabía hacer todo.

Se convertía en el peor enemigo,
le hacía daño.
la castigaba.
Y se lo hacía tragar en una merienda muchísimo menos elaborada y emplatada a dredre en la bandeja roja rota. 
Aquella bandeja que sólo usaba cuando Conchita se portaba mal y la niña no le tocaba lo que él quería. 
Se portaba tan mal la pobre niña que no se merecía ni la merienda en una bandeja digna.  

Recuerdo perfectamente cómo me lo decía.
cómo me decía con todo el recochineo del mundo que ese dia; no me había merecido una buena merienda y que me tocaba encima usar la bandeja rota. 

Me sentía tan poca cosa.

Recuerdo que cuando me rebelaba así, él me castigaba duro, ya no quería que le molestara ni le pidiera nada, ni jugar a nada más.

Con el tiempo él sólo quería jugar a una cosa , y si no jugaba a eso, me quedaba sin abuelo el resto de la tarde.
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Por suerte siempre vuelve a amanecer.
Ya era otro día, y volvía a compartir ese ratito de ir al cole con mi hermana cogiditas las dos de la mano.
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Fueron avanzando los días y un par de cursos más adelante, su hermana ya dejó el colegio para ir al instituto. 
Así que Conchita que aún era pequeña para hacer sola los trayectos, volvió a necesitar que un adulto la acompañara. 
Los padres de conchita la llebaban por la mañana a casa del abuelo y él la llevava hasta el colegio . También la recogía al medio día para traerla a comer a su casa, y las tardes, despende del horario de sus padres, también las pasaba con él. 
La Cuestión, es que Conchita estaba sola de nuevo en muchas ocasiones con su yayo. Y ella no lo soportaba más. No quería más estar con él. 
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La niña lo tenía todo planeado de antemano.
Sabía que su abuelo la recogería para ir a comer a su casa.
Conchita se negaba a ir otra vez a su casa, así que ideó un plan:

Ese día se había reservado el bocata de la hora del patio para podérselo comer más tarde a la hora de comer.
Ella tenía claro que a casa de sus abuelos no quería ir a comer. Así que ; aguantando el rugir de sus tripas, resistió desde las nueve hasta la una del medio día. 
En el momento que sonaba la alarma de fin de clases, el plan de Conchita quedaba activado.
Ese era su momento. 
Aprovechó que los niños cómo regla general salen escopeteados de clase cuando suena ese tiembre, 
y entre el ruído y el vaibén de los niños, 
nadie se había percatado,
pero Conchita ya estaba escondida hecha una bolita debajo de su pupitre.
La clase se fue vaciando,
salieron todos,
la profesora cerró con llave la clase desde fuera. 

Lo había coneguido!!!!!Por fin estaba segura!!!Nadie me había visto!!!



Lo que no llegué a pensar, es el hecho de que mi abuelo al no verme salir con el resto de compañeros por la puerta, obviamente iba a preguntar por mi a la maestra.
Y así lo hizo.

Así fue cómo me sacaron de mi refugio. 

Aunque no lo tuvieron tan fàcil. 

La profesora tuvo que pegarse un buen susto, la escuchaba llamarme por los pasillos del colegio, la escuchaba acercarse por el pasillo, cada vez más cerca, tuvo que entrar a mirar DOS VECES en clase para encontrarme.

Casi lo había conseguido joder!

Pero esa segunda vez que entró, miró bien, y me encontró.

La bronca que me cayó fue universal. 

A mi nadie me preguntó por qué no quería ir a comer con ese señor.

A mi nadie me preguntó por qué no quería irme del colegio.

Me riñeron, me sentí arrastrada hasta la puerta, y entregada por ellas, las que siempre me habían protegido, mis profesoras.
sin saberlo me estaban entregando de nuevo al monstruo de mi vida.
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Recuerdo que no me atrevía casi a mirarlo. Lo veía tan grande. y me daba tanto miedo. 

Él también debía tener miedo, mi madre nunca fue informada de esa anécdota, ni por parte de mis abuelos, ni por parte de la escuela.
 Lo supo por mi no hará muchos años. 
 Debía estar acojonado de que alguien se preguntara por qué no quería irme con él .
Pero el desgraciado tuvo suerte.
Nadie se hizo esas preguntas. 


Y después de varios días enfadado conmigo y castigándome por lo que le había hecho. 

Volvía a querer jugar conmigo .
y yo ya no sabía cómo escapar.
Lo había intentado.
No se me ocurría que más podía hacer.
Así que me rendí. 





Jugamos a lo que tu quieras yayo.





Estela de lunares.







domingo, 24 de noviembre de 2019

Diccionario de vidas. Con la B.




Belén y la ballesta .


Cómo cualquier niño o niña, Belén parecía que vivía una vida bastante normal y corriente. 
Del colegio a la casa, de la casa al colegio, y tiro porque me toca. 
Crecía aprendiendo a regañadientes aquellas tablas de multiplicar que tan aburridas se le podían llegar a hacer, Y buscando el caracolito que siempre aparecía en las ilustraciones de la parte de arriba de cada página de los librillos de sumas o restas, multiplicaiones o divisiones,etc.
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¿ Alguien más se acuerda de aquel caracolillo ?
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 Yo lo encontraba y lo pintaba. Me gustaba darle vida, darle color. 
Igual que yo quería que alguien hiciera conmigo!
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En el colegio cuando era pequeña  Belén  siempre aparecía en clase con cara de enfadada. Incluso la llamaron durante mucho tiempo ; "la morritos".
Ella siempre estaba enfadada o "fadada", cómo solía contestar cuando le preguntaban cómo estaba. Pero sin embargo; nadie se preguntó por qué  aquella niña siempre estaba así, o almenos nadie llegó a averiguarlo.
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Para combatir aquel enfado tan grande que sentía, Belén recurrió al poder de la imaginación : ella crecía imaginando otro mundo, soñando momentos increibles, una vida diferente a la suya.
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Solía mirarse mucho al espejo, pero nadie sabía lo que en realidad veía  : ella había creado su propia realidad virtual. 

Os explico: 
 Belén imaginaba para si misma que ella sólo era la Belén del reflejo, y que la Belén del mundo real, era la del otro lado, la de ese lado bonito de la vida en el que no pasaba nada raro. Dónde no había oscuridad.
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Supongo que para Belén era mucho mejor así: imaginar un buen reflejo paralelo, dónde nada de lo que a ella le pasaba estaba pasando.
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 No era fàcil mirarse y ver realmente lo que no era capaz de ver.
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Empezó a sentir que su cuerpo era carcelero de malos momentos, que todos, habitaban ahí, en aquel cuerpecito tan pequeño.
Empezó a sentir que su cuerpo era carcelero de verdades no buscadas pero vividas. 
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Su cuerpecito albergaba muchos secretos, muchos chantajes, muchas caricias raras, que no eran como las que le habían hecho antes. Tampoco en  ningún dibujo animado o película había visto que nadie hiciese esas cosas tan raras con su abuelo.
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Pero yo si.
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Yo había hecho cosas con mi abuelo de las que nadie hablaba...
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Creo que todo empezó aquellos años en los que mi padre había trabajado fuera, pero también recuerdo que siguiera pasando cuando volvió a casa y volvimos a ser una família feliz.
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Pasaba algún medio día que íbamos a comer a su casa,  o pasaba alguna de las tardes que pasábamos merendando con él.
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Seguía pasando. 
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No se cómo; siempre nos quedábamos a solas,
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Y entonces ; me hacía sentir cómplice de hacer algo con él, de compartir esos momentos con él, vivencias, que yo no había elegido tener.
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Yo no quería estar con él, pero no sabía cómo evitarlo.
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Belén sobrevivía, que no es poco. Pasaba sus días lo mejor que podía. La vida avanzava mientras rellenaba aquellos cuadernillos del colegio. A medida que avanzaba en sus páginas, también transcurrían sus días, y cada día se daba cuenta de que así era su vida.
Cada día asumía que podía ser de nuevo un infierno, una verdadera pesadilla.
 Y aprendió a vivir así; con la verdad clavada en la espalda. Como un puñal, un tiro con arco o con  una ballesta.
La traición de su vida.
Vivía sintiendo su peso.
Un día tras otro.
Sangrando y doliendo. 
Sabiendo que aquello que le estaba haciendo su abuelo no era nada normal ni bueno.
Sabiendo que esos hechos le iban a acompañar el resto de su vida.
Y sobretodo aprendiendo  qué la vida no era como una cinta VHS




La vida no se podía rebobinar.


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Eba y su boli.

EsteladeLunares

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domingo, 17 de noviembre de 2019

Diccionario de vidas. Con la A.


Alicia en el pais de las pesadillas

Hace mucho tiempo nació Alicia. 29 años para ser exactos.
No fue una niña buscada, pero su llegada fue abrazada en el seno de aquella familia humilde y trabajadora. Nació en una Cataluña moderna y creció en la periferia de la capital condal.

Empujada por la velocidad que conlleva criarse en una gran ciudad, recuerdo los primeros años de mi vida a cámara rápida. Entre sonidos de acelerones de coches, pitidos de claxon , mujeres corriendo arrastrando de la mano a sus cachorros por los laberintos de aquella ciudad, gente cruzando, retenciones de tràfico, humo, cigarros consumiéndose uno tras otro....y asi, entre toda esa jungla de imágenes y sonidos que captaba mi mente, quedaron atrás los momentos sencillos y felices de mi infancia.

Cómo si de un frenazo se tratara, todo paró en seco.

Y veo mi vida pasar a cámara lenta, con la impaciencia de una niña que sólo quiere estar en casa con sus padres y con su hermana, como siempre había sido  y cómo las películas disney nos habísn dicho que tenía que ser.

No entendíamos nada.

El padre de Alicia y Cristina había tenido que acceptar un trabajo fuera de casa, durante mucho tiempo su llegada los fines de semana y vacaciones fueron los momentos más bonitos que vivimos en aquel entonces.
El reencuentro era una escena de puro amor, lo adorábamos. Esos días que teníamos la suerte de estar juntos eran nuestro tesoro más preciado.
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Pero poco a poco, esos momentos fueron menguando.
Cada vez pasaban más días, más meses, más tiempo... y no venía.
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Durante sus ausencias, la madre de Alicia y Cristina se encargaba de todo.
 Sin darse cuenta se estaba convirtiendo en una heroina , la heroina de nuestro cuento.
Por suerte nuestra madre tenía un buen circulo de apoyo y no lo hizo todo sola;  nuestros tíos, los amigos de mis padres, y sobretodo nuestras abuelas pusieron todo y más de su parte para que nunca nos faltase de nada.
Y así era como sobrevivíamos; de unos brazos a otros, y de una mesa a otra mesa.
 Se puede decir que hasta lo pasábamos bien viviendo así, pero los viernes siempre amaneciamos con la misma pregunta ; ¿vendrá esta vez?
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Si podíamos, nos pasábamos las tardes de los viernes jugando en el balcón de aquel quinto piso en la calle Roure.
 Cada coche que subía por el principio de la calle, podía ser él. Los observávamos venir con pena, uno tras otro. Ninguno sonaba como el motor de su coche. Nos lo sabíamos de memoria. y sabíamos que otro viernes había oscurecido sin oírlo llegar.
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Pasó mucho tiempo.
Llegaron Navidades.
Ningún coche hizo su ruido.
No vino.
Era navidad y no teníamos padre ni regalo.
 ¿Qué habíamos hecho tan mal ?
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Recuerdo aquellas navidades de una forma tan triste....que diría que así fue cómo empezó a no gustarme celebrar la navidad.
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La vida de Alicia  transcurria , día a día, de la mano de su hermana Cristina.
Lo más bonito de todo aquello; era saber que no estaba sola.
Su hermana siempre iba a estar ahí.
Éramos un equipo.
 Éramos una piña.
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 y tenemos la suerte de seguir siéndolo.





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Eba y su boli.

EsteladeLunares

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Diccionario de vidas. con la D;

Damiana y sus diamantes. Damiana estudió de los 3 años hasta los 16 en el mismo colegio. Un colegio muy chiquitito, arriba de todo...