domingo, 24 de noviembre de 2019

Diccionario de vidas. Con la B.




Belén y la ballesta .


Cómo cualquier niño o niña, Belén parecía que vivía una vida bastante normal y corriente. 
Del colegio a la casa, de la casa al colegio, y tiro porque me toca. 
Crecía aprendiendo a regañadientes aquellas tablas de multiplicar que tan aburridas se le podían llegar a hacer, Y buscando el caracolito que siempre aparecía en las ilustraciones de la parte de arriba de cada página de los librillos de sumas o restas, multiplicaiones o divisiones,etc.
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¿ Alguien más se acuerda de aquel caracolillo ?
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 Yo lo encontraba y lo pintaba. Me gustaba darle vida, darle color. 
Igual que yo quería que alguien hiciera conmigo!
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En el colegio cuando era pequeña  Belén  siempre aparecía en clase con cara de enfadada. Incluso la llamaron durante mucho tiempo ; "la morritos".
Ella siempre estaba enfadada o "fadada", cómo solía contestar cuando le preguntaban cómo estaba. Pero sin embargo; nadie se preguntó por qué  aquella niña siempre estaba así, o almenos nadie llegó a averiguarlo.
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Para combatir aquel enfado tan grande que sentía, Belén recurrió al poder de la imaginación : ella crecía imaginando otro mundo, soñando momentos increibles, una vida diferente a la suya.
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Solía mirarse mucho al espejo, pero nadie sabía lo que en realidad veía  : ella había creado su propia realidad virtual. 

Os explico: 
 Belén imaginaba para si misma que ella sólo era la Belén del reflejo, y que la Belén del mundo real, era la del otro lado, la de ese lado bonito de la vida en el que no pasaba nada raro. Dónde no había oscuridad.
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Supongo que para Belén era mucho mejor así: imaginar un buen reflejo paralelo, dónde nada de lo que a ella le pasaba estaba pasando.
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 No era fàcil mirarse y ver realmente lo que no era capaz de ver.
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Empezó a sentir que su cuerpo era carcelero de malos momentos, que todos, habitaban ahí, en aquel cuerpecito tan pequeño.
Empezó a sentir que su cuerpo era carcelero de verdades no buscadas pero vividas. 
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Su cuerpecito albergaba muchos secretos, muchos chantajes, muchas caricias raras, que no eran como las que le habían hecho antes. Tampoco en  ningún dibujo animado o película había visto que nadie hiciese esas cosas tan raras con su abuelo.
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Pero yo si.
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Yo había hecho cosas con mi abuelo de las que nadie hablaba...
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Creo que todo empezó aquellos años en los que mi padre había trabajado fuera, pero también recuerdo que siguiera pasando cuando volvió a casa y volvimos a ser una família feliz.
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Pasaba algún medio día que íbamos a comer a su casa,  o pasaba alguna de las tardes que pasábamos merendando con él.
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Seguía pasando. 
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No se cómo; siempre nos quedábamos a solas,
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Y entonces ; me hacía sentir cómplice de hacer algo con él, de compartir esos momentos con él, vivencias, que yo no había elegido tener.
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Yo no quería estar con él, pero no sabía cómo evitarlo.
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Belén sobrevivía, que no es poco. Pasaba sus días lo mejor que podía. La vida avanzava mientras rellenaba aquellos cuadernillos del colegio. A medida que avanzaba en sus páginas, también transcurrían sus días, y cada día se daba cuenta de que así era su vida.
Cada día asumía que podía ser de nuevo un infierno, una verdadera pesadilla.
 Y aprendió a vivir así; con la verdad clavada en la espalda. Como un puñal, un tiro con arco o con  una ballesta.
La traición de su vida.
Vivía sintiendo su peso.
Un día tras otro.
Sangrando y doliendo. 
Sabiendo que aquello que le estaba haciendo su abuelo no era nada normal ni bueno.
Sabiendo que esos hechos le iban a acompañar el resto de su vida.
Y sobretodo aprendiendo  qué la vida no era como una cinta VHS




La vida no se podía rebobinar.


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Eba y su boli.

EsteladeLunares

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