lunes, 2 de diciembre de 2019

Diccionario de vidas. Con la C


Conchita lo intentó


Conchita seguía avanzando por la vida empeñada en ser feliz.
A pesar del enfado y tristeza que solía sentir, escondía dentro suyo, detrás del miedo, un corazoncito enorme. 
La pequeña Conchita tenía una capacidad enorme para amar y disfrutar del amor cuando la vida se lo permitía.

Cómo había tenido que asumir la incertidumbre de mis días, al mínimo atisbo de luz, me aferraba igual que tarzan se agarraba a las lianas con las que avanzaba por la jungla de aquella selva, y yo hacía lo mismo. 
Trampeando por la vida e intentando aprovechar todo lo bueno que si me estaba dando la vida, que no era poco.

Conchita y su hermana María ya iban juntas caminando al colegio. Aquellos trayectos se convirtieron en uno de esos momentos que Conchita aprovechaba para disfrutar de su querida hermana mayor. Conchita sentía verdadera deboción por su hermanita. Admiraba su carácter; responsable, cariñosa, creativa, soñadora...

Recuerdo que la miraba y la idea que tenia yo de la perfección se encarnaba en ella. Mi hermana era mi gran ídolo, y lo sigue siendo. Aún me sigue cautivando con su maravillosa personalidad y presencia.


La pequeña niña aprovechaba esos instantes, por que sabía que durarían poco. 
Se acabarían en el momento justo en que nuestro abuelo apareciera de nuevo en nuestras vidas. Y obviamente, lo hacía bastante a menudo.

  El abuelo de Conchita sabía muy bien lo que se hacía, sabía perfectamente cómo manipularla, cómo silenciarla, y lo hacia... y tanto que lo hacía!! 

Si Conchita se portaba bien con sus demandas, la colmaba de Halagos todo el resto de la tarde, y no sólo eso! la colmaba de dulces y atenciones, que hacían que esas meriendas tan deliciosas y soñadas, más o menos, empañaran el recuerdo de todo lo que me había estado haciendo... ¿cuánto? ¿quince minutos? 

Él sabía hacerlo muy bien.
Requetebien.

Por que si en cambio, alguna tarde la pequeña Conchita se rebelaba y no quería jugar al juego que le pedía...
por qué no lo encontraba divertido y no le apetecía nada.. su abuelo también sabía lo que tenía que hacer.

Él lo sabía hacer todo.

Se convertía en el peor enemigo,
le hacía daño.
la castigaba.
Y se lo hacía tragar en una merienda muchísimo menos elaborada y emplatada a dredre en la bandeja roja rota. 
Aquella bandeja que sólo usaba cuando Conchita se portaba mal y la niña no le tocaba lo que él quería. 
Se portaba tan mal la pobre niña que no se merecía ni la merienda en una bandeja digna.  

Recuerdo perfectamente cómo me lo decía.
cómo me decía con todo el recochineo del mundo que ese dia; no me había merecido una buena merienda y que me tocaba encima usar la bandeja rota. 

Me sentía tan poca cosa.

Recuerdo que cuando me rebelaba así, él me castigaba duro, ya no quería que le molestara ni le pidiera nada, ni jugar a nada más.

Con el tiempo él sólo quería jugar a una cosa , y si no jugaba a eso, me quedaba sin abuelo el resto de la tarde.
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Por suerte siempre vuelve a amanecer.
Ya era otro día, y volvía a compartir ese ratito de ir al cole con mi hermana cogiditas las dos de la mano.
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Fueron avanzando los días y un par de cursos más adelante, su hermana ya dejó el colegio para ir al instituto. 
Así que Conchita que aún era pequeña para hacer sola los trayectos, volvió a necesitar que un adulto la acompañara. 
Los padres de conchita la llebaban por la mañana a casa del abuelo y él la llevava hasta el colegio . También la recogía al medio día para traerla a comer a su casa, y las tardes, despende del horario de sus padres, también las pasaba con él. 
La Cuestión, es que Conchita estaba sola de nuevo en muchas ocasiones con su yayo. Y ella no lo soportaba más. No quería más estar con él. 
.
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La niña lo tenía todo planeado de antemano.
Sabía que su abuelo la recogería para ir a comer a su casa.
Conchita se negaba a ir otra vez a su casa, así que ideó un plan:

Ese día se había reservado el bocata de la hora del patio para podérselo comer más tarde a la hora de comer.
Ella tenía claro que a casa de sus abuelos no quería ir a comer. Así que ; aguantando el rugir de sus tripas, resistió desde las nueve hasta la una del medio día. 
En el momento que sonaba la alarma de fin de clases, el plan de Conchita quedaba activado.
Ese era su momento. 
Aprovechó que los niños cómo regla general salen escopeteados de clase cuando suena ese tiembre, 
y entre el ruído y el vaibén de los niños, 
nadie se había percatado,
pero Conchita ya estaba escondida hecha una bolita debajo de su pupitre.
La clase se fue vaciando,
salieron todos,
la profesora cerró con llave la clase desde fuera. 

Lo había coneguido!!!!!Por fin estaba segura!!!Nadie me había visto!!!



Lo que no llegué a pensar, es el hecho de que mi abuelo al no verme salir con el resto de compañeros por la puerta, obviamente iba a preguntar por mi a la maestra.
Y así lo hizo.

Así fue cómo me sacaron de mi refugio. 

Aunque no lo tuvieron tan fàcil. 

La profesora tuvo que pegarse un buen susto, la escuchaba llamarme por los pasillos del colegio, la escuchaba acercarse por el pasillo, cada vez más cerca, tuvo que entrar a mirar DOS VECES en clase para encontrarme.

Casi lo había conseguido joder!

Pero esa segunda vez que entró, miró bien, y me encontró.

La bronca que me cayó fue universal. 

A mi nadie me preguntó por qué no quería ir a comer con ese señor.

A mi nadie me preguntó por qué no quería irme del colegio.

Me riñeron, me sentí arrastrada hasta la puerta, y entregada por ellas, las que siempre me habían protegido, mis profesoras.
sin saberlo me estaban entregando de nuevo al monstruo de mi vida.
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Recuerdo que no me atrevía casi a mirarlo. Lo veía tan grande. y me daba tanto miedo. 

Él también debía tener miedo, mi madre nunca fue informada de esa anécdota, ni por parte de mis abuelos, ni por parte de la escuela.
 Lo supo por mi no hará muchos años. 
 Debía estar acojonado de que alguien se preguntara por qué no quería irme con él .
Pero el desgraciado tuvo suerte.
Nadie se hizo esas preguntas. 


Y después de varios días enfadado conmigo y castigándome por lo que le había hecho. 

Volvía a querer jugar conmigo .
y yo ya no sabía cómo escapar.
Lo había intentado.
No se me ocurría que más podía hacer.
Así que me rendí. 





Jugamos a lo que tu quieras yayo.





Estela de lunares.







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